viernes, 12 de enero de 2018

Fuera de equilibrio. Moralidad y racionalidad indirecta

Esta obra se presenta de una manera franca: explicita qué problema teórico abordará y con qué instrumental, y así lo hace de comienzo a fin. El marco teórico general desde el que se afronta es la teoría de la elección racional en su vertiente normativa (en adelante, TER), la cual insta a los agentes a maximizar su utilidad y la cuestión de la que se ocupa tiene la envergadura de dilema: aquél que se establece en determinados casos entre la racionalidad y la moralidad. En otros términos, esta obra trata de hallar vías que acaben con la imposibilidad teórica que tiene un agente para actuar racional y moralmente al mismo tiempo en interacciones como las planteadas por el clásico dilema del prisionero, en las que la utilidad que obtienen todos los agentes implicados que siguen los dictados de TER mejoraría si ninguno de ellos lo hiciera. En principio, parece que ante estos casos sólo cabe optar entre dos opciones: obrar racionalmente o actuar moralmente.

El libro está dirigido a un público interesado y formado en filosofía, no necesariamente familiarizado con las teorías de la elección racional, que son suficientemente explicitadas al comienzo del libro. La argumentación evita complejidades técnicas innecesarias y reposa en numerosos ejemplos prácticos y gráficos que hacen más comprensible una lectura en la que se conjugan el debate teórico y la ironía.

La autora, la doctora Rodríguez, es profesora de la Universidad Complutense de Madrid desde 1997. Imparte clases en las facultades de Psicología, Filosofía y en la EU de Trabajo social. Está especializada en teoría de la racionalidad práctica, fi- losofía política y ética. Entre sus últimos trabajos publicados podemos destacar "El agente racional y sus acciones", "Los asuntos de los demás: preferencias irracionales, preferencias externas y felicidad", "Preferencias pasadas y utilidad" y "Macbeth y la daga voladora: la consideración utilitarista de las intuiciones morales". El tema que ocupa este libro es una de las inquietudes que más ha trabajado.

El conflicto abierto entre ambas teorías normativas, TER y la ética, ocupa prácticamente el grueso del desarrollo argumental, desde el convencimiento de que es ineludible hallar una solución satisfactoria pues no es aceptable convivir con dos teorías, por lo general aceptadas, que en situaciones límite se bifurquen y prescriban opciones contradictorias. Ante esta disfunción, la autora se suma, desde el horizonte de la doctrina utilitarista, a la discusión teórica que se ocupa de solucionar el problema. Su estrategia es minuciosa: llevar hasta el final las exigencias de ambas teorías en colisión. Para ello analiza en primer lugar si el dilema que se presenta puede solucionarse racionalmente, si los intentos anteriores de solución son concluyentes, si existen otras vías posibles, si esto implica modificar los fundamentos de TER y finalmente si TER puede mantenerse vigente o inalterada después de esta revisión.

El punto de partida es la presentación de TER como una teoría perfectamente válida individualmente, pero aparentemente contraproducente en el plano colectivo, ya que si todos los agentes obraran de modo racional el resultado sería peor del que obtendrían si actuaran moralmente (esto es, irracionalmente). La tesis que defiende la obra es que esto no significa que TER quede invalidada. La autora defiende la estrecha relación que existe entre moral y autointerés. Pero antes denuncia los intentos precedentes de solucionar este dilema. En su opinión, el dilema como tal no tiene solución posible, pero sí es posible encontrar una solución para TER, como veremos.

El libro arranca con una sección introductoria que se ocupa de presentar formalmente los fundamentos teóricos y el campo de aplicación de TER. Una vez sentadas todas las premisas de partida, la segunda parte entra de lleno en materia con el estudio de temas de calado moral, como son la negociación, el regateo y la racionalidad de mantener los acuerdos, siempre desde el supuesto de que hablamos de agentes racionales que aplican los dictados de racionalidad que les marca TER.

La autora desbarata intentos previos de solucionar el dilema, ya que, lamentablemente, son inconcluyentes e ingenuos porque tratan de asimilar altruismo y autointerés. El mero hecho de cooperar no puede considerarse un fin valioso en sí mismo. Del mismo modo, considera estériles los intentos tendentes a demostrar que los dilemas simplemente no se dan. Las situaciones dilemáticas están ahí, poniendo a la moral y la razón maximizadora ante disyuntivas cuya existencia no puede negarse sin más.

La racionalidad de adoptar el punto de vista moral abre el tema de la moral como punto de vista. Esta perspectiva permite que el agente racional pueda realizar dos tipos de ordenaciones completas de preferencias: una adoptada desde el punto de vista de su interés personal y otra desde el punto de vista moral, esto es, desde aquella perspectiva hipotética de la que ya hablara Adam Smith con su espectador imparcial. Naturalmente, es inevitable que el conflicto surja entre ambas; es entonces cuando cabe preguntarse qué criterio ha de usarse para optar entre las preferencias reales y las hipotéticas. Ante esta disyuntiva, TER, teoría ubicada en el punto de vista del agente individual y ajena al colectivo, se limita a sugerir que se usen los medios necesarios, políticos y morales, para evitar llegar a estas situaciones. Ahora bien, si no se puede modificar la situación externa ni las preferencias internas, el dilema sigue ahí y es irresoluble. En estos casos, lo que es racional individualmente resulta ser un fracaso colectivo.

Con esta desoladora conclusión, nos adentramos en la parte final del libro, donde la cuestión se centra en hallar las razones por las que un agente racional debiera obrar moralmente. No parece fácil encontrar vías que hagan que una teoría de la racionalidad prescriba acciones irracionales. Se baraja la hipótesis de dar con una teoría de la racionalidad alternativa capaz de ofrecer una salida. Con este fin se analiza pormenorizadamente la teoría de los objetivos presentes de Parfit, quien argumenta que tener preferencias morales es perfectamente racional, y que en consecuencia actuar moralmente es tan racional como actuar guiado por el autointerés. Esta teoría alternativa, admite la estrategia moral si el agente decide voluntariamente actuar guiado por esta preferencia. Pero esto es también insuficiente: haría falta una teoría que además de considerar racional obrar moralmente lo prescribiera como la única estrategia posible en las situaciones de dilema que estamos tratando y no existe ninguna teoría de la racionalidad que exija adoptar el punto de vista moral. En consecuencia, se concluye que, al igual que TER, esta alternativa es insatisfactoria en la medida en que también da lugar a dilemas.

Se emprende nuevamente el camino para hallar los motivos por los que un agente racional debiera ocuparse de la moralidad, a pesar de no desear actuar moralmente. En esa tesitura es donde la autora presenta un concepto clave: la racionalidad indirecta. Gracias a esta noción, extensamente desarrollada y clarifi- cada con ejemplos, se puede concluir que la conducta moral (a la que considerábamos irracional hasta ahora) puede considerarse en ciertos casos una estrategia de racionalidad indirecta. En los dilemas que nos ocupan, sólo se obtienen los mejores resultados a los que cabe aspirar si se siguen métodos indirectos de racionalidad. De no hacerlo así, la racionalidad estricta podría resultar un inconveniente: de ser perfectamente racionales, nadie cumpliría sus promesas una vez obtenido el beneficio. Se hace necesario "atarse a uno mismo", es decir, usar estrategias que fuercen a alcanzar resultados racionalmente deseables, a los que precisamente la propia racionalidad impide acceder.

Llegados a este punto, se concluye afirmando que TER considera aceptables estas estrategias irracionales si con ello se logra maximizar la utilidad, que es a fin de cuentas el objetivo sustantivo de TER. Obrar racionalmente es sólo un medio entre otros en pos de tal objetivo. Por tanto, será seguir TER con éxito el procurar adquirir ciertas disposiciones como cumplir lo acordado, cooperar, respetar la palabra dada, fomentar el sentido del deber o la compasión, etc. si con ello se logra maximizar la utilidad. Ello con independencia de que los actos concretos puedan ser considerados irracionales. Cuando TER es contraproducente a nivel individual, TER exige la única salida posible: dar el salto de perder momentáneamente el sólido equilibrio de la razón para actuar irracionalmente. Atarse a uno mismo, como hizo Ulises para no sucumbir al embrujo de los cantos de sirenas, es una decisión perfectamente racional. En conclusión, TER se mantiene intacta como teoría normativa que prescribe la conducta moral como estratagema para perseguir la mayor utilidad posible.

A lo largo del libro y del hilo de la argumentación, se abordan una serie de temas de interés para el lector interesado en filosofía política: la salvaguarda lockeana, los gorrones y parásitos, el binomio reciprocidad- cooperación, la estabilidad de los acuerdos y las vías para imponerlos, los medios coercitivos, la obediencia, etc. Por último, un tema que aparece fugazmente al concluir el libro es la sugerente afirmación de que bajo el deseo incondicionado de obrar moralmente se esconde, al fin y al cabo, un sutil método de racionalidad indirecta que persigue el mejor interés posible. A menudo se oculta este carácter de estratagema de la moralidad, precisamente con el fin de reforzar su uso, pero pueden extraerse interesantes consecuencias del vínculo oculto que subyace entre ambas.

A pesar del escaso predicamento con el que cuenta TER en España, existe una vasta tradición internacional que hace uso de ella desde finales del siglo XIX además de en economía, en otras ciencias sociales y humanas. El texto se inscribe dentro de este contexto, haciendo abundantes referencias a las obras más sobresalientes que se ocupan de la ética y TER, con las que entabla un diálogo colectivo, construyendo sus tesis desde algunos puntos aceptados y rebatiendo otros para seguir su propia vía. Por eso, parte de la altura de esta obra se debe a que se erige desde las contribuciones de la literatura especializada precedente, desde donde emprende un camino propio cuyo resultado tiene el mérito de haber elevado el nivel teórico de la discusión notablemente.

Como se concluye en el libro, los dilemas no pueden solucionarse, pero recorrer el camino que estos nos abren no es en absoluto estéril. Mirar al abismo puede causar vértigo, pero proporciona también una visión en profundidad que de otro modo sería inaccesible. Esta obra tiene esa profundidad y es, en resumen, un libro lúcido, bien construido y de lectura placentera que desbroza las posibilidades que tenemos, en tanto que agentes racionales, de obrar moralmente sin olvidar nuestros intereses ni traicionar la razón... O quizás traicionándola, racionalmente.

Disponible solo en versión Google Books, ahí puedes guardar en tus favoritos. Ingresar


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