sábado, 16 de diciembre de 2017

Morirse como proceso psicológico adaptativo en el budismo: la actitud resiliente

Morir es un proceso y la muerte su resultado. La distinción no es baladí, ya que el verbo ¿morir¿ implica acción, mientras que ¿muerte¿ es un sustantivo que actúa como nombre o como concepto.

Esta perspectiva correspondiente a las tradiciones budistas asume que ¿morir y vivir¿ se revelan unidos, siendo parte de la misma realidad, mostrándose como un proceso que tiene lugar día a día.

Sin embargo en Occidente la idea de morir suele presentarse como una fuente de miedo, convirtiéndose el proceso de morir en un foco de atención psicológica.

En cambio, las tradiciones budistas cuentan con un bagaje cultural expresado a través de sus textos, iconografías, rituales o prácticas de meditación entre otros, que facilitan una actitud positiva frente a los retos diarios, al contar con un método efectivo para afrontar situaciones estresantes, lo que permite desarrollar un estado emocional ecuánime.

Esta actitud, conocida en el ámbito de la psicoterapia occidental como resiliente, revierte en una capacidad para vivir el proceso de morir como el camino hacia un estado de realización.

La hipótesis que se plantea pretende verificar si las tradiciones budistas propician a través de la expresión de la experiencia vivida plasmada en la literatura, liturgia e iconografía, el desarrollo de la toma de conciencia de que se vive muriendo y se muere viviendo, derivado del conocimiento, los métodos y las técnicas de trabajo que proporcionan, facilitando así una actitud personal de afrontamiento óptimo durante el proceso de morir en a) las personas que van a morir y b) en sus familiares y allegados.

Si esto es así, entonces el proceso de morir, en lugar de ser entendido de manera angustiante, se revela como un camino de realización personal, contemplado en las tradiciones budistas como una vía que conduce a la plenitud vital, al Nirvana y a la iluminación.

Se ha observado además que los recursos utilizados para desarrollar las características de la actitud personal de afrontamiento reveladas en estas tradiciones, se están tomando como modelo para su implementación y desarrollo en programas occidentales de psicoterapia para centros de ayuda al moribundo como hospicios y unidades de cuidados paliativos entre otros servicios.

Se han investigado así, las vías que permiten desarrollar dichos recursos para ampliar y reforzar la eficacia de las terapias que favorecen la adopción de una actitud resiliente en los distintos centros occidentales.

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