domingo, 13 de agosto de 2017

Estudio e intervención sobre el malestar psicológico de los cuidadores de personas con demencia: el papel de los pensamientos disfuncionales; descargar

La atención a las personas en situación de dependencia ha sido tradicionalmente llevada a cabo por las propias familias en el entorno comunitario, respondiendo así a los intereses tanto de las personas mayores y sus familiares como de las instituciones, en lo que ha sido denominado “principio de envejecer en casa”.

Sin embargo, los cambios sociodemográficos acaecidos en los últimos años, fruto de avances sociales y científico-técnicos que han originado un envejecimiento de la población y a la incorporación de la mujer al mundo laboral, han provocado que el cuidado informal sufra una situación de crisis, ya reflejada en el estudio Cuidados en la vejez. El apoyo informal (INSERSO, 1995).


Esta situación perdura en el momento actual, tal y como se refleja en el reciente estudio Cuidados a las personas mayores en los hogares españoles. El entorno informal (IMSERSO 2005). A pesar de esta crisis, el cuidado informal es la principal fuente de ayuda de las personas mayores en situación de dependencia y sigue siendo proporcionado fundamentalmente por las mujeres, quienes dedican una media aproximada de once horas diarias a atender a su familiar.

Las importantes demandas que implica esta situación tienen generalmente un impacto negativo significativo sobre diferentes áreas de la vida de la persona cuidadora (salud, relaciones sociales y familiares, economía, etc.). Pautas como las reflejadas en la trabajo Cuando las personas mayores necesitan ayuda. Guía para cuidadores y familiares (INSERSO, 1997), han representado una aportación de gran interés y utilidad para este colectivo.

Es necesario señalar, no obstante, que en los últimos años se han producido algunos cambios en la manera en que el cuidado es percibido por las familias. Así, por ejemplo, en la primera encuesta nacional que se realizó a los cuidadores éstos manifestaban en su mayoría que cualquier persona puede cuidar bien, y que no es necesaria una formación específica para ello. En cambio, actualmente es mayor el porcentaje de cuidadores que señala que hace falta una preparación o formación para poder llevar a cabo adecuadamente la tarea de cuidar de un familiar. Sin duda, estas cuestiones son recogidas en la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia, en cuyo proyecto se incluyen acciones dirigidas a incorporar programas de formación e información a los cuidadores.

El trabajo que aquí se presenta supone una continuación lógica de la línea de publicaciones del IMSERSO dedicada a los cuidadores familiares de personas mayores en situación de dependencia, y contiene dos estudios que aportan herramientas que pretenden facilitar el trabajo de los profesionales dedicados a la atención de las personas mayores y sus familias.

El primer estudio ha tenido como objetivo el desarrollo de un instrumento de evaluación dirigido a identificar a aquellos cuidadores con mayor riesgo de sufrir consecuencias negativas por el cuidado: el Cuestionario de Pensamientos Disfuncionales.

Concretamente, este instrumento evalúa creencias y pensamientos de los cuidadores que pueden actuar como obstáculos o barreras para un afrontamiento adaptativo del cuidado.

El segundo estudio proporciona varias claves relevantes para el desarrollo de una adecuada atención a los cuidadores y el diseño de líneas apropiadas de intervención con este colectivo. La más destacable tiene que ver con el hecho de que se presenta el primer estudio de intervención realizado en nuestro contexto cultural en el que se comparan los efectos de dos intervenciones grupales distintas dirigidas a reducir el malestar de los cuidadores.

Los resultados obtenidos a través de una de estas intervenciones muestran que es posible reducir de forma significativa el malestar psicológico de los cuidadores que participan en ella. Además, se muestra la importancia de que las intervenciones sean realizadas de una forma rigurosa y teóricamente respaldada, destacando, asimismo, la necesidad de reservar un espacio para la flexibilidad, en el sentido de permitir adaptaciones de tales intervenciones a las necesidades individuales de cada cuidador.

Una de las principales conclusiones del estudio es la constatación de que no todas las intervenciones son eficaces para reducir el malestar de los cuidadores. Resulta necesario dedicar importantes esfuerzos a la evaluación del proceso completo de la intervención de cara a comprobar si ésta ha sido adecuadamente recibida y aprovechada por los cuidadores, así como a analizar los mecanismos concretos explican los resultados obtenidos

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