lunes, 10 de julio de 2017

La eficacia de la intervención psicológica basada en estrategias positivas

La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades, y la salud mental es un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1946).

Con respecto a esto, la relación entre salud, bienestar y estados psicológicos es fehaciente, por tanto la presencia de conductas saludables y de determinadas emociones adquieren un papel imprescindible en la promoción de la salud. Esto es consistente con la evidencia científica actual, que indica que cualquier trastorno suele implicar de diferentes formas alteraciones psicológicas (Oblitas y Becoña, 2000). Entre estas alteraciones, se encuentran los trastornos emocionales más frecuentes como son los de tipo ansioso y depresivo, a sabiendas de que bajo estados emocionales negativos, aumenta la probabilidad de desarrollar enfermedades orgánicas o de adquirir comportamientos poco saludables (Becoña, Vázquez, y Oblitas, 2004). Por el contrario, diferentes estudios también apuntan a que la presencia de emociones de corte positivo, potencian la salud, ayudando a mejorar y restituir la salud. (Nezu, Nezu, y Blissett, 1988).


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