sábado, 23 de enero de 2016

Inteligencia emocional y crisis



Observamos la realidad según la clase de personas que somos. Muchas veces ha sido complicado expresar esta verdad psicológica porque las condiciones intelectuales no son la única garantía de éxito en el ámbito profesional, sino solo un factor al que deben unirse las capacidades emocionales. Por otra parte, como una consecuencia directa de nuestro currículum existencial y del color de nuestras propias experiencias, la mayoría de las personas quedamos vinculadas al recuerdo de lo vivido, por eso deseamos lo que perdimos, antes que algo nuevo, por más atractivo y práctico que pueda ser. Estas expresiones de la propia condición humana que compartimos todas las personas, por el mero hecho de serlo, suelen dispararse cuando el enemigo exterior ruge al fondo del decorado: somos más emocionales que nunca cuando la crisis aprieta del modo en que lo está haciendo y, de este modo, surgen de golpe todas nuestras inquietudes e incertidumbres con las que hemos convivido durante años sin darnos cuenta, primero solos, y luego, en familia. La inteligencia emocional es una herramienta muy útil en los tiempos de bonanza, pero lo es mucho más en tiempos de crisis. Más que nunca, en este momento es un acierto reinventar y convertir nuestras gastadas emociones en una de nuestras principales fortalezas para hacer frente a la crisis. Desde una buena gestión emocional y el compromiso con nuestra autoestima se puede afrontar esta situación de crisis de manera diferente en familia. Nosotros ya estamos en ello. ¿Se anima Vd. también? Vale la pena.

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