jueves, 26 de noviembre de 2015

Ser psicólogo del deporte. 10 competencias para la excelencia profesional



Cuando se hace referencia a la competencia de las personas o de los profesionales se abordan conceptos como su capacidad, su preparación, sus conocimientos técnicos en una determinada materia, su experiencia y “saber hacer” en un área profesional, o su inclinación o actitud hacia un valor concreto del trabajo. Por lo tanto, una competencia puede ser una motivación (aquello que impulsa a una persona a la acción), un rasgo de carácter o personalidad (característica individual que aparece en situaciones similares), actitudes o valores (aquellos elementos que configuran el sistema de creencias de una persona), una capacidad intelectual (aquello que la persona es capaz de realizar con facilidad o sin dificultad tras un proceso de aprendizaje), un conocimiento sobre una disciplina; en definitiva, podríamos decir que una competencia es cualquier característica individual que se pueda medir de un modo fiable, y que permita diferenciar el desempeño de las personas en su trabajo.

La necesidad de delimitar una especialización personal y profesional del perfil del psicólogo
deportivo dentro del ámbito del deporte, ha motivado a los autores a realizar una primera definición general y específica de las competencias más apropiadas para la citada especialización. Los autores definen a estas primeras propuestas competenciales como “tentativas del perfil que consideramos para el psicólogo del deporte”, un primer eslabón en la descripción de lo que debe ser un psicólogo del deporte, que deberá seguir cimentándose a través de la aplicación de las competencias que se proponen. Al mismo tiempo, la búsqueda de la excelencia profesional en cada disciplina debe mantenernos completamente adaptados a las situaciones permanentemente cambiantes y que debe hacernos mejorar en nuestros planteamientos científicos, teóricos y aplicados en el mundo del deporte.

El mantenimiento y posterior desarrollo de las  expresadas en este directorio de referencia conducen a mayores esfuerzos de mejora entrcompetenciase los interesados en la aplicación de la psicología en el ámbito deportivo. Los autores nos dirigen convenientemente a que, como otros profesionales, el psicólogo del deporte necesita continuar aprendiendo en orden a mantenerse a la altura de los desarrollos en la disciplina y en la profesión, atendiendo también a los cambios en la organización de la práctica, atendiendo principalmente a la especialización o la propia exposición del profesional a límites cada vez más altos de exigencia.

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