sábado, 24 de octubre de 2015

El Freudismo Paul-Laurent Assoun


A un célebre escritor francés le causaba tristeza el hecho de que la palabra “freudismo” viniera de“Freud” y no de “Freude”, ¡esa palabra alemana que significa alegría!

Es probable que para él el nombre propio del fundador del psicoanálisis se asocia-ra de manera espontánea con alguna tristeza, como si algo de la alegría de vivir –así sólo fuera la suya–se perturbara por aquello que, en el patronímico Freud, se relaciona con cierta mala noticia, con alguna oscura depresión. Al menos era la intuición deque Freud, nombre de persona, ya se había convertido en un significante dotado de fuerza propia, coctel extraño de atracción repulsiva por la cosa ligada a su nombre. En efecto, tal vez aparece una sombra sobre el “hecho humano”, desde que se le introduce cierta “cosa”, vinculada con el nombre de Freud. Para entonces, el término “freudismo” ya se había aclimatado en Francia desde hacía unos veinteaños. Con toda precisión, se puede fechar –en el año 1922– la aparición de este término en francés,adoptado de manera bastante espontánea, con una gula que ya denotaba su ambigüedad. Ese año aparece la edición francesa de los Vorlesungen zur Ein- führung der Psychoanalyse con el título Introducción al psicoanálisis. .Lectura que cristaliza un preconoci-miento del autor, cuyo nombre había sido citadopor primera vez en lengua francesa en un texto fir-mado por Guillaume Apollinaire. Así comenzaba lo que Jules Romains llamará “la estación Freud” cuyos frutos recogemos.

Por cierto, no es el único caso en el que un nombre propio se encuentra sometido así a una promoción significante, con todos los efectos contrastados que ello conlleva –de “personalización” de una “causa” y de subjetivación de un saber, de reconocimiento y de negación. Pero, en el caso del “freudismo”,el proceso es particularmente activo, incluso obstinado: el nombre propio se desencadena en el objeto –y Lacan no hizo sino tomar nota de ello forjan-do la noción de “cosa freudiana”, a reserva de que así se oponga a la carga imaginaria. Por ello, debido a que se vuelve a publicar el texto original de la presente indagación, nos parece necesario volver a esa triple pregunta: ¿qué es “el freudismo” –ese objetointermediario entre un nombre propio y una disci-plina, un intervalo entre “ FREUD ” y “el psicoanálisis”?¿Qué es, correlativamente, el “ser-freudiano”? ¿Qué programa de investigación, en ese encuentro inaugural vinculado con el nombre de Freud, se entabla bajo esta sigla y esta pertenencia?

Lectura que cristaliza un preconocimiento del autor, cuyo nombre había sido citado por primera vez en lengua francesa en un texto firmado por Guillaume Apollinaire. Así comenzaba lo que Jules Romains llamará “la estación Freud” cuyos frutos recogemos.

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