miércoles, 23 de septiembre de 2015

La educación del ser emocional


Ya Daniel Goleman estableció que las competencias emocionales que son la base para el desarrollo de las habilidades directivas, no están determinadas genéticamente si no que se van adquiriendo, desarrollando, adaptándose a lo largo de la vida.

La capacidad emocional es la fuerza que nos impulsa a adaptar y transformar nuestros entornos. Está en el centro de nuestra capacidad de evolucionar. Por eso es necesario que reconozcamos su importancia de la misma forma que las habilidades intelectuales, explica Juan Casassus, sociólogo y filósofo PhD.

De esta forma, el investigador, autor del libro “La Educación del Ser Emocional, propone un sistema para comprender las emociones y, sin reprimirlas, poder encausarlas de la manera más provechosa para sí mismo y la relación con los demás.

Ello, porque las emociones son fundamentales. Nos motivan y condicionan el actuar futuro. Por ejemplo, si nos ataca un perro en una esquina intentaremos no volver a pasar por ahí, o lo haremos con temor y actitud alerta durante mucho tiempo. Así también las situaciones cotidianas nos condicionan. Socialmente a los niños desde pequeños se les prohíbe (al menos inhibe) llorar y a las niñas expresar la rabia, provocando de esta forma que los hombres se desliguen del contacto con sus sentimientos y que las mujeres vivan la rabia como pena y culpabilidad. Sin embargo, cuando una emoción es reprimida no hace sino volver con más fuerza después.

Por esto, muchas personas viven “a costa de” sus emociones: la pena, la rabia, la frustración, timidez o ataques de alegría o extroversión. Creen que se trata de características constituyentes de su personalidad, e intentan manejarlas sin éxito, sin embargo, son sólo reflejos condicionados, respuestas aprendidas ante una emoción específica.

Casassus, propone canalizar las emociones. Encausarlas, reconocerlas y aceptarlas de una manera beneficiosa: “Las emociones son energía vital. Neutra. Ni positivas ni negativas. Somos nosotros los que las transformamos en regalos preciosos o en regalos destructivos. Depende de nuestras intenciones y de nuestra capacidad de regular. En la cotidianidad, nos pueden llenar de vitalidad y darnos la energía necesaria para iniciar nuevos proyectos por un estado de ánimo entusiasta. Pero, si no somos capaces de regularlas, pueden jugarnos malas pasadas”, comenta el autor.

Para esto, propone aumentar los niveles de conciencia, aprender a ver y reconocer lo que nos sucede, generando comprensión con uno mismo y las necesidades básicas que generan la emoción.

“Una persona con competencia emocional tiene compasión, ecuanimidad, optimismo, empatía, perseverancia. Es una persona en transformación que incorpora nuevas características en su personalidad. Y en esto radica la diferencia con la inteligencia emocional, pues no se trata de un enfoque externo que señala características estáticas, sino que un proceso interior y personal”, sentencia Cassasus.

Disponible solo en versión Google Books, ahí lo puedes guardar en tus favoritos. Ingresar


 
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