martes, 22 de septiembre de 2015

El juego. Nuevas miradas desde la neuropedagogía



Somos seres lúdicos capturados en una crisálida compuesta por un capullo que contiene a todos los seres existentes en el universo, somos humanos colectivos, y no singulares e independientes como afirman muchos teóricos. Somos seres vivos que recogemos la experiencia filogenética de más de dos millones de años de existencia evolutiva.

No obstante tiene la capacidad de soportar procesos radioactivos, mortales para el género humano. Además es necesario precisar que la diferencia entre el hombre y un animal no sólo está en su capacidad cerebral, sino en su actitud lúdica que lo convierte en un ser juguetón, tiene sentido del humor y en sus procesos de interacción social posee la gran capacidad de afectar al otro para amarlo y para compadecerlo. Es así como el juego no es un estado, sino que es un proceso inherente al ser humano que atraviesa toda su existencia.

Durante el juego como experiencia cultural, las imágenes inconscientes del niño, del joven o del adulto pasan a la conciencia como destellos de luz en una placa fotográfica sin revelar, dejan huellas y fragmentos que hacen parte de la conciencia durante el tiempo que dura el juego, crean imágenes nuevas, míticas o híbridas, o producen nuevas representaciones mentales que le permiten al ser humano un mayor grado de plasticidad cerebral, debido al desprendimiento de una gran cascada de moléculas de la emoción que invaden toda la corporalidad del sujeto lúdico. De esta forma natural y espontánea se recrea y se apropia del conocimiento a través del juego.

Nuestras fantasías e imaginaciones tejidas a través del juego son representaciones o flujos lúdicos que se producen a partir de disociaciones y fragmentaciones para poder liberar de esta forma nuestras percepciones. Dado que en el cerebro del niño se despliega una especie de universo fantasma o irreal, que adquiere una consistencia muy objetiva para el niño y no como muchos se imaginan que el sujeto lúdico vive perdido, enajenado o en un mundo totalmente irreal o inexistente.

He ahí la complejidad del juego, abordado por muchos teóricos desde distintos paradigmas, pero son muy pocos los que se han atrevido a analizarlo desde las profundidades del cerebro humano.

Este es el reto que asume este libro sin pretensiones académicas, ya que sólo desea abrir reflexiones nuevas para que el juego sea comprendido en una forma diferente


El propósito de este libro es estimular algunos cuestionamientos sobre la pedagogía contemporánea y el uso del juego, y no pretende, en nin¬gún momento, dogmatizar algunos hallazgos cotidianos producto de la experiencia escritural que tiene el autor alrededor de la lúdica y de la Neuropedagogía como ciencia naciente. Al respecto, el apoyo teórico de este texto se fundamenta en los siguientes autores: Gadamer, De¬leuze, Wilber, Velásquez, Jung, Freud, Winnicott, Duvignaud, Verny, Wilber, Pert, Llinás, Vigotsky, Varela, Capra, Maturana, Margullis, Koestler, Rubinstein, Morín, Prigogine, Piaget, entre otros.


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