viernes, 26 de junio de 2015

Educar con ternura. No es fácil pero sí posible



Educar con ternura no es una tarea fácil, principalmente en un mundo que nos hace pensar que cualquier muestra de afecto “nos compromete”, nos arriesga a perder autoridad o respeto, nos expone al ridículo, nos hace ver débiles o simplemente nos hace vulnerables. Por lo que afirmamos que no es fácil…pero si posible.

La ternura nos relaciona íntimamente con nuestra calidad humana también nos enfrenta a grandes presiones culturales que lo limitan, en el mejor de los casos, o lo inhiben asociándole directamente con “nagüilonada”, con debilidad, con inmadurez etc. Cussiánovich (1997) afirma que algunos de los factores inhibidores de la ternura son los siguientes: La inclinación de pensar que la ternura se asocia mecánicamente con el niño, con la “edad tierna” por lo que debe desaparecer a medida que los niños, y niñas crecen se “hacen grandes” y deben de comprender lo “duro de la vida”.

La tendencia a asociar ternura con mujer o madre lo que culturalmente significa sentimentalismo, cursilería, etc. La tendencia a ubicar la ternura con las relaciones o los encuentros de carácter privado, reservado, íntimo, no así, en el trato cotidiano con nuestros hijos e hijas. Persiste la idea de que en el ámbito público debemos de demostrar siempre quien manda y quien obedece en esa relación.

La cultura de violencia que se manifiesta cotidianamente en todas las instituciones sociales, dejado como saldo fatal: la desconfianza, el considerar al otro como un potencial agresor, un potencial rival un potencial enemigo con quien constantemente debemos demostrar quien manda, quien tiene el poder, quien esta legitimado para agredir sin consecuencias.

Los prejuicios sobre la niñez y juventud que surge como producto del creciente fenómeno de las maras o pandillas juveniles y los niños y niñas que viven en la calle en nuestros países, Lo cual justifica la utilización de “la mano dura “ para educar y no permitir que “nuestros” niños y niñas “ tomen un mal camino” o se “pierdan”,.

El avance de la sociedad capitalista que impone ideas individualistas y egoístas en donde las personas son simplemente medios al servicio del capital. en este sentido, la ternura es inadmisible en la lógica de que las relaciones humanas debe basarse en la competencia, la Eficiencia, la productividad y el consumo.

Rescatemos la ternura

Una nueva escuela de padres y madres debe de promover, que se rompa el circulo de violencia, que no permite o limita las relaciones sanas al interior de las familias rescatando el verdadero concepto de la ternura que emerge cuando las personas se encuentran, cuando la relación esta signada por el afecto, la delicadeza, la amabilidad, el respeto a las diferencias, la comprensión de las debilidades y el reconocimiento de las potencialidades de la o el otro.

Debe promover la idea de que las y los otros seres humanos no son simplemente repartidores de ternura, son constructores, desde la cotidianidad, de relaciones humanas de calidad, en donde la ternura se convierte en una fuerza social y espiritual que promueve el desarrollo tanto de padres como de hijos,

En los distintos espacios de encuentro con padres y madres debe valorizarse la fuerza transformadora que tiene el afecto, el cariño, la bondad, la amistad, la confianza, la autoestima, y el respeto al otro por ser igual y ser simultáneamente distinto… como reza el dicho popular: “mas se logra con miel que con hiel”,

Mantengamos siempre vigente la idea de que Como padres y madres les queda como desafío permanente e impostergable el facilitar que sus hijas e hijos desarrollen la potencialidad de su subjetividad. Educar con ternura es garantizar que en éste proceso de “educar” no se les niegue a los niños, niñas y adolescentes su derecho ser persona, integras e irrepetibles.

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