domingo, 11 de enero de 2015

El proceso autístico en el niño: intervenciones tempranas


Los trastornos del espectro autista se detectan, diagnostican y tratan en España muy tardíamente. Este hecho tiene graves consecuencias para el niño y su familia ya que a partir de los tres años que es cuando el trastorno se interioriza y empieza a formar parte de su personalidad, los tratamientos son más costosos, más intensivos, y menos satisfactorios. La detección temprana del riesgo evolutivo hacia un funcionamiento autista sería posible en el primer año de vida si además de los signos de alarma presentes en el niño, incluyéramos los factores de riesgo interactivos entre el bebé y su cuidador, evaluados a los tres, seis, y doce meses del continuo evolutivo de dicha interacción. Para efectuar una temprana intervención que pueda evitar el inicio del funcionamiento autista en el bebé así como la instalación en su psiquismo, tendríamos que basarnos en el estudio y tratamiento de las alteraciones precoces de la interacción cuidador-bebé que dificultan o impiden el acceso de este último a una necesaria integración perceptiva del flujo sensorial que le llega por diferentes canales sensoriales para lograr hacerse una imagen interna de la realidad percibida, así como las perturbaciones interactivas que dificultan o impiden el acceso del bebé a la ínter-subjetividad que es la capacidad de compartir la experiencia vivida. Para comprender la frecuente alternancia de los trastornos psicosomáticos y autísticos tempranos en el bebé, se desarrollan los conceptos clínicos de vulnerabilidad psicosomática, (en el bebé) y vulneración psicosomática y autística, (a través de la interacción cuidador-bebé).


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