sábado, 27 de diciembre de 2014

Estilos educativos




Desde hace décadas, la psicología del desarrollo se ha interesado por analizar los patrones de interacción familiar y sus repercusiones sobre el desarrollo de los hijos y las hijas. Con ello intentaba apuntar respuestas a diversas cuestiones importantes: ¿cómo deben actuar los padres y las madres para que sus hijos crezcan de forma saludable y ajustada psicológica y socialmente?, ¿qué deben hacer?, ¿qué no deben hacer?, actualmente, y ya en los albores del siglo XXI, podemos decir que sabemos bastantes cosas y que aunque no existen «recetas» mágicas, sí que conocemos algunos de los «ingredientes» que deben estar presentes en las relaciones familiares para que favorezcan el bienestar de todos sus miembros, y en especial de los hijos y las hijas.

Probablemente, uno de los esfuerzos más importantes por analizar qué variables del comportamiento de los progenitores favorecen en mayor medida el bienestar de hijas e hijos ha sido el realizado por diferentes autores a través del constructo de los Estilos Educativos. El origen de esta clasificación lo encontramos en los trabajos de Diana Baumrind, que en la década de los 60 del pasado siglo creó una tipología de madres y padres en función del grado de control y supervisión que ejercían sobre la conducta de sus hijos e hijas y del cariño y afecto que les demostraban (ver transparencia 3.2). Así identificó tres estilos: Democrático, Autoritario, y Permisivo. Las madres y padres democráticos se caracterizaban por elevados niveles de exigencia y afecto hacia sus hijos e hijas. Los autoritarios eran progenitores muy exigentes y poco comunicativos y afectuosos.

Finalmente, los permisivos, aún siendo muy cariñosos y comunicativos con sus hijas e hijos, no les ponían límites ni normas (Baumrind, 1968).

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