martes, 6 de agosto de 2013

Evaluación de las habilidades sociales


El déficit en habilidades sociales es una característica definitoria del retraso mental. De hecho en la definición de la AAMR (Luckasson, 1992) se caracteriza el retraso mental por un funcionamiento intelectual significativamente inferior a la media que coexiste con limitaciones en diferentes áreas de adaptación entre las que se incluyen las habilidades sociales. Pero como ya se ha comentado anteriormente, las habilidades sociales constituyen un área extensamente compleja, de tal modo que una persona puede presentar déficits en una habilidad concreta y no en otras o incluso el déficit en una habilidad puede circunscribirse a un contexto específico y no a otro. Por tanto, el decir que un sujeto tiene déficits en habilidades sociales no resulta operativo a la hora de diseñar un entrenamiento, ni se ciñe a la realización de una evaluación específica de la individualidad.

Antes de diseñar o aplicar ningún programa de entrenamiento resulta imprescindible llevar a cabo una evaluación rigurosa de la persona a la que va a ir dirigido. Ningún entrenamiento puede, ni debe partir de suposiciones o generalidades.

Existen numerosos procedimientos para evaluar las habilidades sociales en población sin retraso mental, sin embargo para personas con retraso mental la oferta es mucho más limitada, siendo una práctica habitual utilizar los mismos instrumentos que para personas sin tal retraso.

A continuación se exponen procedimientos específicos que han sido diseñados minuciosamente para la población con retraso mental derivados de la práctica directa y del conocimiento científico extraídos sobre la misma.

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