martes, 7 de agosto de 2012

Nutrición en esquizofrenia


Cuando se leen las investigaciones y las bases científicas en las que se sustenta la llamada psiquiatría orto molecular para tratar la esquizofrenia (ESQ), la primera sensación que se tiene es de que se está en la prehistoria de la psiquiatría. Es algo así como volver a tratar las úlceras de duodeno con ingestas masivas de leche. Sin embargo,la idea de forzar rutas metabólicas como apoyo al tratamiento con antipsicóticos es,cuando menos, digna de revisarse con especial atención por tres razones.

• La primera, porque todo lo que se tiene sobre esta enfermedad son piezas del puzzle que es el llamado espectro esquizofrénico y aún no se vislumbra la figura final, por lo que cualquier tratamiento que presumiblemente ayude es importante tenerlo en cuenta.

• La segunda, porque están implicados neurotransmisores, en algunos de los cuales podemos influir en su concentración cerebral mediante manipulaciones dietéticas.

• La tercera porque ahora se sabe que hay más de 50 enfermedades debidas a defectos enzimáticos que pueden remediarse con altas concentraciones de la vitamina componente del coenzima afectado, lo que hace que las supuestas mejorías que encuentran algunos clínicos dando altas dosis de vitaminas sea, al menos, digna de estudio.

A ello hay que añadir la cura de humildad que ha supuesto el descubrimiento de la capacidad infectiva de las proteínas llamadas priones (PrP), eliminando de un plumazo uno de los dogmas de la biología sobre la estructura terciaria de las proteínas.

 Ahora se sabe que es esa estructura terciaria de las proteínas PrP la que determina los linajes de los priones, y que alteraciones estructurales de la proteína permite la existencia de enfermedades muy graves del sistema nervioso. Cuando se comenzó a hablar de la existencia de una enfermedad producida por una proteína (carente de genoma y ácidos nucleicos), la cual pasaba a través del tubo digestivo de otra especie (sin hidrolizarse en aminoácidos), y era capaz de matar, la comunidad científica lo despreció por falto de rigor.

Quien ahora desecha, sin prestarles apenas atención, los argumentos del intestino permeable y las exorfinas, o considera poco serio hablar de alteraciones de los fosfolípidos de membrana o de estrés oxidativo en la ESQ, vuelve a cometer un error similar al de los primeros científicos que tuvieron que enfrentarse al “mal de las vacas locas”.En esta patología tan cruel, que afecta al sustrato más profundo del ser humano, y de vasta a las familias de estos pacientes, hay que estar particularmente abierto a cualquier investigación honesta que pueda llevarnos a su comprensión y tratamiento.

Los pacientes del llamado espectro esquizofrénico (terminología que deja al descubierto lo poco que sabemos aún de esta enfermedad o conjunto de enfermedades), son un colectivo numeroso (1% de la población de muchas culturas alrededor del mundo), que comienza pronto (24+/-4,6 años) y que en un número considerable de casos requerirá cuidados el resto de sus vidas.

Se trata de la enfermedad por excelencia del ser humano, afecta a lo más profundo de nuestra diferencia como especie, y genera un estigma y un rechazo social que hace que las familias escondan a sus hijos afectados como auténticos apestados del siglo XXI.

La imagen de un jóven huraño, rígido, obeso, fumador, dependiente de la familia y aislado, la asocia todo el mundo a dos palabras, locura y miedo.

Los nuevos tratamientos con antipsicóticos causantes de una menor sintomatología extrapiramidal, la actuación social y el mayor conocimiento que se tiene en la actualidad de estas patologías del sistema nervioso central, van consiguiendo integrar a estos enfermos en la sociedad, mejorando su calidad de vida. Sin embargo, queda mucho por hacer. Estos fármacos tienen efectos secundarios importantes, algunos de los cuales disminuyen mucho la calidad de vida del paciente tratado.

Hay quien habla de una enfermedad psico-social, y creemos que tienen razón. En cualquier caso, los que tratan a estos pacientes y a sus familias, saben que el éxito (la reinserción social) del tratamiento se basa en un enfoque multidisciplinar, de modo que al paciente se le trate farmacológicamente con neurolépticos, se le aplique una terapia cognitiva, se le ayude a relacionarse (a veces mediante voluntarios que les saquen de sus casas donde permanecen muertos de miedo), se les integre en actividades físicas, etc. Y aquí entra de lleno el control dietético.

Este trabajo intenta aportar conocimientos, desde el campo de la nutrición, para que los psiquiatras que tratan esta patología tengan más armas a su disposición. Ese es exclusivamente nuestro fin.

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