domingo, 15 de abril de 2012

Medios narrativos para fines terapéuticos White & Epston

En este libro se condensan de algunos de los logros más destacados de los autores, en él se recogen una serie de pasos atrevidos en su exploración de los problemas humanos y delimita algunas contribuciones terapéuticas originales.

Tanto White como Epston son especialistas de gran talento, cada uno con su propio estilo, pero con mucho en común. Su colaboración sinérgica a lo largo de los últimos años ha sido excepcionalmente productiva, generando un amplio abanico de ideas y nuevos métodos.

Uno de los campos más importante que White ha abierto es el de la «externalización del problema». Cuando puede separarse claramente la distinción del problema de la distinción de la persona, se hace posible examinar cuidadosamente la dinámica y la dirección de la interacción entre personas y problemas. Entonces puede abordarse una pregunta crucial: ¿está consiguiendo el problema más influencia sobre la persona, o está la persona consiguiendo una mayor influencia sobre el problema? La exploración teórica profunda de esta cuestión ha llevado a White a revelar no sólo los efectos opresivos que tiene la forma en que habitualmente describimos los problemas, sino también los efectos constitutivos y subyugadores del propio conocimiento descriptivo

 Ha entrado así en el vasto terreno de la ontología y la epistemología. Aunque este aspecto de nuestras vidas nos pueda resultar a algunos muy remoto y tal vez un tanto intimidante, implícitamente estamos siempre basándonos en él. Por ejemplo, nuestra identidad personal está constituida por lo que «sabemos» de nosotros mismos y por cómo nos describimos como personas. Pero lo que sabemos de nosotros mismos está constituido en su mayor parte por las prácticas culturales (de descripción, etiquetado, clasificación, evaluación, segregación, exclusión, etc.) en las que nos movemos. Como seres humanos, en el lenguaje estamos, de hecho, somos juzgados por «controles» sociales invisibles basados en prácticas lingüísticas presuposicionales y patrones socioculturales implícitos de coordinación. En otras palabras, cuando los miembros de una fafimilia, los amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo o los profesionales piensan que una persona «tiene» una cierta característica o un problema determinado, están ejerciendo un «poder» sobre él al «representar» este conocimiento respecto a esa persona. Por tanto, en el terreno de lo social, conocimiento y poder están inextricablemente unidos.

Al explorar y explicar estos complicados temas, White se apoya en gran medida en el análisis filosófico de la historia moderna realizado por Foucault. En realidad, una de las contribuciones originales más importantes de este libro es el análisis que hace White de la perspectiva de Foucault y de su relevancia para la terapia. Este análisis se ofrece en el primer capítulo, que constituye, de hecho, una importante toma de postura teórica sobre una serie de áreas relevantes. La más importante de ellas es la discusión del «conocimiento como poder», un vasto territorio que los terapeutas familiares apenas están empezando a explorar. En esta exposición White está,en esencia, ampliando su trabajo pionero sobre la externalización de problemas, poniendo al descubierto de qué manera las «técnicas de conocimiento» restan inadvertidamente poder a las personas y pueden dárselo a los problemas. Cuando pueden identificarse estas técnicas encubiertas (como imponer descripciones problemáticas a las personas), se hace mucho más fácil externalizar los problemas y ayudar a la persona a escapar de ellos.  El segundo gran territorio que Epston y White exploran para nosotros en este libro es la variedad de formas en que podemos usar terapéuticamente la palabra escrita. Éste es el campo de los Medios narrativos con fines terapéuticos, y constituye el contenido del resto del libro. White y Epston ofrecen una muestra increíblemente rica y diversa de iniciativas terapéuticas «en blanco y negro». Utilizando breves viñetas clínicas, proporcionan numerosos y estimulante sejemplos de cartas, invitaciones, cartas de referencia, certificados,predicciones, declaraciones, etc., usados como medios terapéuticos.El lector puede elegir entre gran variedad de nuevas intervenciones . Los muchos (numerosos) ejemplos merecen releerse y estudiarse con atención para recoger toda la cosecha.

David Epston, en especial, subraya el potencial terapéutico de las cartas que resumen habitualmente cada sesión. Se ha impuesto la disciplina de escribir una carta al cliente o a la familia tras casi cualquier entrevista. La copia de la carta constituye normalmente el único registro de la sesión. De esta forma, la «historia clínica» es prácticamente compartida por familia y terapeuta. Esta conducta supone una significativa incursión en una relación más igualitaria entre profesionales y cliente.Lo que más intriga de las cartas de Epston y White es su fascinante contenido y estilo. Están muy lejos de ser simples descripciones «objetivas». El contenido es seleccionado cuidadosamente para generar distinciones que puedan resultar heurísticas, para conectar determinadas experiencias y acontecimientos que prometen crear recursos, y para promover aquellos «relatos» con potencial curativo. En cuanto al estilo, tienden a usar el subjuntivo y el lenguaje vulgar. Utilizan frases y palabras corrientes de forma no habitual. Esto da lugar a una atractiva novedad que estimula la imaginación del lector y su participación en el texto.

Por ejemplo, una frase como «Una vida dominada por la culpa es una sentencia a cadena perpetua» puede ser llamativa, mientras que la yuxtaposición de frases en contraste como «Meterse más en líos y estar más afectado... o salir de los líos y tener menos problemas» puede suscitar la experiencia de
la elección.

 Este estilo de escritura resulta excepcionalmente absorbente, incluso para un lector «de fuera», cuya vida no está directamente implicada en la cuestión. Para proporcionar un marco conceptual a su exploración de los recursos narrativos, Epston y White acuden a la noción de «textos narrativos».

Proponen la analogía de la terapia como un proceso de «contar» y/o «volver a contar» las vidas y las experiencias de las personas que se presentan con problemas. En otras palabras, al documentar «en blanco y negro» eventos y significados seleccionados, las cartas y los certificados terapéuticos contribuyen de forma muy concreta a la cocreación de narraciones nuevas y liberadoras. Esta analogía tiene intuitivamente un gran atractivo y ayuda a añadir realismo y dramatismo a las vidas de las personas incluidas en la narración. La analogía del texto sirve también como un puente de fácil acceso entre el territorio de los medios narrativos y el del conocimiento como poder. Nosotros, como humanos, no sólo damos significado a nuestra experiencia al «narrar» nuestras vidas, sino que también tenemos el poder de «representar» nuestros relatos gracias al conocimiento que tenemos de ellos. Las historias pueden, por supuesto, ser tanto negativas como positivas. Por ejemplo, la mayoría de nosotros disponemos de múltiples relatos acerca de nosotros mismos, de los demás y de nuestras relaciones. Algunos de ellos promueven la competencia y el bienestar. Otros sirven para constreñir,trivializar, descalificar o patologizarnos de alguna u otra manera a nosotros mismos, a los demás o a nuestras relaciones. Y otras historias pueden dar confianza, animar, liberar, revitalizar o curar.

 El relato que prevalezca a la hora de asignar significado a los sucesos de nuestra vida determinará, en gran medida, la naturaleza de nuestras vivencias y nuestras acciones. Si predomina una historia saturada de problemas, se nos invita una y otra vez a la desilusión y la tristeza. Debido a la tendencia conservadora natural a la que todos estamos sujetos, se nos hace cada vez más difícil evitar representar de modo habitual la misma, vieja y problemática historia. Es estado minación por parte del conocimiento problemático y el tenaz predominio de los relatos patologizantes lo que hace tan relevante la exploración del «conocimiento como poder». Epston y White nos invitan a preguntarnos: ¿cómo podemos hacer posible la escritura de relatos personales y colectivos que liberen y curen, cuando los relatos dominantes están tan saturados de problemas? Al publicar este libro, están compartiendo algunos de sus descubrimientos en relación con este interrogante. ¿Cuál es nuestra disposición a unirnos a ellos en esta exploración y a dotarnos de habilidades en el uso de medios literarios para reanimar la vida de nuestros clientes y de sus familias?


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